
Pero han cerrado el paraíso a cal y canto... Debemos dar una vuelta al mundo para ver si se han dejado abierta una puerta trasera. (HEINRICH VON KLEIST, Sobre el teatro de Marionetas)
Quisiera hablar de ti a todas horas en un congreso de sordos,
enseñar tu retrato a todos los ciegos que encuentre.
Quiero darte a nadie
para que vuelvas a mí sin haberte ido.
Extracto: "Otra carta" - Jaime Sabines
Cada zapateo iba sobre un justo contratiempo, cada paso y cada movimiento parecían ser únicos en el mundo, su energía desbordaba mágia exuberante, sus gestos generaban cierta fragilidad al bailar.
Al ritmo de un fandango su alma se iba haciendo libre: sus pies parecían jamás tocar el suelo, algunas vibraciones en los tobillos aparecían de vez en cuando, sus rodillas eran lo que daban el soporte a su cuerpo, sus muslos firmes y sus caderas majestuosas caían rendidos ante cada acorde de la música y le iban dando aires de grandeza a su cuerpo justamente proporcionado. Su vientre era tema aparte... Lo mantenía impetuosamente apretado, porque desde allí nacían los más extraños sentimientos, desde su vientre brotaban oleadas de pasión incontrolables que sumergían su cuerpo en un profundo trance, su vientre era el almacén de tanta energía retenida que ella quería liberar al instante pues su impaciencia y nerviosismo le hacían querer estallar en mil pedazos. Su vientre era autor de tanta dicha e impotencia, el que le causaba ese placer doloroso con el que ahora cargaba cada vez que bailaba. Tanta dicha era difícil de explicar, pues tenía conciencia de cada célula de su cuerpo y a la vez era un mismo todo, un solo cuerpo sin carne, un alma dentro de un envase que ella ya no podía reconocer, era como si siempre hubiera sido libre.
Su corazón golpeaba su pecho con una fuerza casi inhumana, cada latido parecía dar término a su existencia. Castañuelas azotaban incesantes sus tímpanos. Ambos, castañuelas y corazón sonando al unísono.
Podía sentir como los músculos de su espalda se unían entre sí para tensarse como jamás lo habían hecho antes, por sus brazos elegantes bajaba la tibieza de sus hombros y por sus mejillas bajaban lágrimas que mezclaban sus sentires. Toda ella era un mundo incomprensible. Podía sentir la fuerza de unos ojos mirándole, pero aun así estaba atrapada en su libertad. Podía sentir a su corazón desesperarse a causa de un baile, pero ciertamente su regalo estaba fuera de sí misma, la esencia de su alma se encontraba fuera del escenario, justo entre el público... justo deseándole fervientemente.
Decidì perdonar los errores que se cometen cuando se ama demasiado.
De acuerdo, la pequeña niña que hay en mi te reclamaba, casi como a una madre.
Me arropabas, me protegìas.
¡ya ves, te amo asì!
De acuerdo, te
confiè todas mis sonrisas, todos mis secretos.
¡Quise tanto la guerra de
cuerpos que traerìa la paz!,
¡ya ves, yo te amo asi!, como un hombre que no
soy...yo te amo asi.
"Cuando viniste, tú eras semejante al vino tinto y la miel
Y el gusto de ti encendió mi boca con su dulzura
Ahora eres como el pan de la mañana
Suave y placentera
Apenas te degusto puesto que conozco tu sabor
Pero estoy completamente saciada".